Cuatro «nueves» y ni un gol

Alguien que entiende este juego que algunos llaman deporte y otros puro negocio, me explicó ya hace bastantes lluvias que en un equipo de fútbol hay dos posiciones intocables, vamos que tienes que confiar en el portero que elijas, el delantero centro que quieras e ir a muerte con ellos. A bote pronto se me ocurre la paciencia que tuvo Clemente con Zubizarreta en el Athletic y la que han tenido en el Real Madrid con Benzema.

El Mallorca lleva ya siete partidos de liga y no ha cambiado de cancerbero, Reina, pero van cuatro «nueves» y ninguno ha marcado. Cuatro goles a favor transformados por un defensa, Valjent, un penalti convertido por Salva Sevilla en Lugo y el resto en las botas de un centrocampista que ya ha jugado en varias posiciones menos la que le era habitual en primera división, Dani Rodríguez. Abdón, Alex Alegría, Amath y Marc Cardona no han pasado la prueba. Puede que no den la talla, que falle el sistema o que Luis García Plaza no ha decidido otorgar su confianza a ninguno de ellos.

En estos albores de la competición la falta de gol no reviste la gravedad que se le imputa porque, como contrapartida, el rendimiento defensivo es extraordinario. Solo un gol encajado hasta le fecha y una constatación, el portero no ha tenido que intervenir apenas en ninguno de los lances disputados. Los dos centrales se han erigido en un seguro de vida, los laterales cumplen y el medio de cierre, Baba, se parece cada vez más al «cinco» que tanta importancia adquiere en las escuadras argentinas. Además, el repliegue es intenso y la presión adelantada hace que el enemigo llegue a zonas de peligro ya bastante forzado.

Son pequeños detalles a considerar, solamente eso, mientras cada plantilla se recompone. Fíjense cómo han cambiado los paisajes en Lugo y Albacete, prematuramente desahuciados y ya con relevos en sus banquillos, a la par que el Málaga, recosido a base de retales y rebajas, se erige en la sorpresa de estos primeros compases.