De la tempestad a la calma (España, 4- Arabia Saudí, 0)
Hace tiempo que el sentido común dejó de ser el más común de los sentidos, ahora solo es el más deseable. Tampoco suelen coincidir lo normal y lo habitual, por lo que agradecemos que Luis de la Fuente haya devuelto cordura a la Selección Española aun con la inestismable colaboración de Arabia Saudí, país amigo que ya nos paga un pastón por albergar la Supercopa. Estos árabes empataron con Uruguay, lo cual no parece una mala noticia de cara al partido contra los de Marcelo Bielsa en la madrugada del sábado al domingo.
España tiende a los extremismos. Entre el desastre de hace una semana al portento que, según voceros de la exageración, hemos sido en Chattanooga, capital del estado de Tennessee donde Oyarzábal interpretó el Choo Choo de Glen Miller tras la primera aparición de Lamine Yamal al trombón, existe un término medio que es el que todavía está por ver. Y queda Mundial para rato a la espera de que terminen las pachangas y la competición, sinónimo de competencia, empiece al fin.
Disculpen ustedes que no me levante, escribió Groucho Marx sobre la lápida de su tumba, quiero suponer que dentro de seis días aun estaré vivo, pero anticipo que voy a grabar el el choque entre hispanos y charrúas porque no pienso saltar de la cama para sentarme ante la tele. No lo he hecho hasta la fecha atraído por ninguno de los carteles en curso por cuestión de principios que no voy a romper.
El patinazo de Cabo Verde tuvo que ser la excepción que confirma la regla, así que nos quedaremos con esta última y a ver hasta donde nos alcanza o nos lleva. Sin caer en el desánimo por un tropiezo ni pasar por el lavado automático el bus de los paseos triunfales a las segundas de cambio.
