De Leo a Virgili (1-1 en Son Moix)
En un partido que el Atlético de Madrid dominó durante 85 minutos, los verdaderos protagonistas fueron dos jugadores del Mallorca: Leo Román y Virgili. El primero al detener un penalti por mano de Raíllo y lanzado por Julián Alvarez, el segundo dio vida al equipo local abriendo brecha por el lado izquierdo para culminar su breve pero maravillosa actuación con un centro medido a la cabeza de Muriqi que el kosovar no desaprovechó. Siete minutos antes Gallagher habia inaugurado el marcador al aprovechar una galopada de Marcos Llorente, precedida de mano dudosa, cuyo rechace cayó a sus pies a portería vacía.
ALINEACIONES:
R.C.D Mallorca.- Leo Román (3), Mateu (1), Valjent (2), Raíllo (0), Kumbulla (1), Mojica (1), Samu (1), Morlanes (1), Sergi Darder (1), Asano (0) y Muriqi (1).
Minuto 35, Pablo Torre (1), por Kumbulla, lesionado. Minuto 66, A.Sánchez (1), por Samu y Marc Domenech (1) por Asano. Minuto 81, Jan Virgili (2) por Mateu y Abdón (-) por Morlanes.
At.Madrid.- Oblak (1), M.Llorente (2), Le Normand (1), Lenglet (1), Hancko (1), Koke (1), Barrios (2), Giuliano (0), Raspadori (0), Nico (1) y Julián Alvarez (1).
Minuto 61, Sorloth (0) por Julián Alvarez, Nahuel (1) por Giuliano y Griezman (0) por Raspadori. Minuto 67, Gallagher (1) por Barrios. Minuto 74, Ruggeri (-) por Rico.
ARBITRO:
Francisco José Hernández Maeso (2), de Extremadura. Una buena actuación con tres sombras de duda. La primera por culpa del asistente que se comió un pisotón de Marcos Llorente a Mojica junto a un banderín de corner concediendo saque de banda al infractor. Luego al mostrar tarjeta roja a Sorloth a instancias de Javier Iglesias Villanueva (VAR) por una plancha sobre el tobillo de Raíllo. Finalmente pasó por alto una posible mano en el arranque de la acción que dio orígen al tanto colchonero. 12 faltas contra el Mallorca y 6 a favor.
GOLES:
Minuto 78, los rojiblancos roban un balón en campo propio, ponen a correr a Marcos Llorente que se impone por velocidad a Raíllo, su remata lo rechaza Leo Román, pero Gallagher, que acompaña la jugada, marca a placer. 0-1
Minuto 85, Jan Virgili se abre espacio cerca de la banda izquierda y coloca con precisión la pelota en la cabeza de Muriqi que, entre los centrales, no perdona. 1-1
6 saques de esquina para el Atlético y 3 para el Mallorca.
21.027 espectadores
UN PUNTO DE RABIA
Tras la expulsión de Sorloth, resuenan las palabras de Arrasate en la pausa de hidratación: «el último día perdimos contra diez, hoy volvemos a estar igual. No os pide que ganéis, pero al menos no perdáis». Solo 3 minutos después Leo Román, batido y abatido, miraba al banquillo donde la arenga del técnico se había diluido tras 78 minutos de resistencia numantina. Alguien, espoleado por la tardía aparición de Jan Virigili, el único jugador del Mallorca capaz de salir de un uno contra uno, sacó fuerzas de flaqueza o de su orgullo herido y obligó al Atlético a sufrir durante el último cuarto de hora la misma medicina aplicada a su anfitrión.
Nunca sabremos qué habría ocurrido de no fallar Julián Alvarez la pena máxima con cuya parada se reivindicó Leo Román tras sus regalos al Celta y el Espanyol. Tampoco si Kumbulla no se hubiera lesionado y Jagoba no se viera forzado a cambiar el dibujo al suplir un tercer central por un medio, Pablo Torre, para no ceder con tanta facilidad aquel centro del campo gobernado por Barrios. El portero volvía a lucirse ante Raspadori y de nuevo Alvarez, para alcanzar el descanso sin movimiento en el luminoso, ni aproximación a la portería enemiga.
Sin cambios consumido el intermedio, la contienda seguía el guión establecido como herencia de la cátedra impartida por Javier Aguirre que su sucesor no logra erradicar. Simeone reforzó la artillería en perjuicio de la sala de máquinas y solo a la fortuna que no acompañó antes a los suyos, superó con un gol inesperado la expulsión de su ariete. La baja del cañonero noruego indujo a sus compañeros al repliegue y al Mallorca a lo que más le gusta y mejor se entrega: la épica. No quedó otra que tirar la casa por la ventana, de la que asomaron recursos desconocidos. Con superioridad numérica la pelota no salía de la retaguardia madrileña, rondó en numerosas ocasiones hasta restablecer la igualada inicial y solamente al ansia y la precipitación en contra del cronómetro validaron la sentencia del resultado.
Todo lo demás sería especular con lo que pudo ser, pero no fue. Son Moix hubiera firmado el empate incluso bajo el monólogo colchonero. Hágase pues.
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