De manías y rarezas
Salta a la vista que en tiempos del añorado José María García el enfrentamiento entre el Mallorca y el Espanyol del domingo sería el «Superpartido» o «El partido de la jornada». Mejor estos adjetivos que «el partidazo» porque para poder usar tal calificativo primero hay que jugarlo y después ya se verá. Igual ha sido una castaña.
En ningún momento he entendido el radical cambio de sentimiento de una parte del mallorquinismo hacia Vicente Moreno, relevado por Luis García Plaza con inusual rapidez en el ranking del afecto incondicional. Tampoco es de extrañar porque las sensibilidades futbolísticas se mecen al ritmo de los resultados. El de Massanassa ahora es el enemigo por el simple hecho de militar en el adversario y haber querido mejorar su posición y su cartel tras haber sido repetidamente engañado por Sarver, Kohlberg, Molango y los «subecarros» de turno. El madrileño, más dicharachero y cercano, también tiene sus rarezas, como todos. Por ejemplo retrasa la publicación de las convocatorias al máximo posible, pero ni uno ni otro han inventado la pólvora. Las manías y supersticiones también forman parte de la idiosincrasia de este negocio.
Esta semana ambos han decidido no conceder su rueda de prensa habitual de los viernes hasta un día más tarde. La verdad, para lo que dan de sí como si las borran de sus agendas. El fútbol era mejor y más transparente cuando las preguntas se improvisaban, las respuestas eran más ingeniosas y menos calculadas, no había espontáneos que babeaban ante un futbolista o un técnico, se emitían partes médicos para conocer las dolencias y el estado físico de los lesionados y en la entrevista existía uno de sus principales elementos y atractivos: la réplica. Seguro que en la Universidad todavía se enseña, pero nadie la practica.
