Difícil, pero no imposible

Si, puede que el Mallorca haya invertido más en fichajes que cobrado en traspasos. Pura necesidad. En su seno y en su juicio, nadie tuvo la habilidad de sacar partido a sus jóvenes promesas, empezando por Luka Romero y siguiendo por Pablo Ramón, Obrador y otros sin remontarnos a la vergonzosa operación de Marco Asensio perpetrada por los innombrables Classen, Cerdá y sus perversos colaboradores. La venta de Kang in Lee ha devuelto la balanza a un desequilibrio menos acusado aunque no conozcamos los entresijos de la operación desde su salida del Valencia, pero con los dados en la mano y sentados antes el tablero de la oca, regresamos a a la casilla de salida sin haber caído en la de la cárcel o el pozo pese a la escasa productividad de la fábrica de Son Bibiloni.

La llegada de Cyle Larin se ha celebrado como si se tratara del mismísimo Mbappé, verano más verano menos, lo cual no carece de lógica dada la inquietud de una afición ávida de empezar un campeonato sin tener que pensar solo en la permanencia aunque fuera en la última jornada, deseo expresado hace un año precisamente por el responsable de proveer los recursos necesarios para impedirlo. Para eso se necesita un toque de distinción que no solo mejore la calidad del equipo, sino la competitividad de la plantilla y el fondo de armario del banquillo.

Ha vuelto a sonar el nombre de la apuesta más segura, Sergi Darder que, además, es mallorquín, señal de identidad de la que el club no anda precisamente sobrado. Sabemos lo que piden por él, al menos en teoría, pero no la estrategia de negociación. A título de anécdota les contaré que en el verano de 1989 Miquel Contestí trató de firmar a Calderón, procedente del Cádiz. Manuel Irigoyen, presidente del club andaluz, no daba su brazo a torcer, aunque había acuerdo con el jugador. La cuerda se tensó hasta el punto de que José María Lafuente Balle, secretario mallorquinista, subió a un avión y se plantó en el Ramón de Carranza justo cuando los jugadores locales se encontraban ya en al autocar rumbo a la concentración de pre temporada pero, ni corto ni perezoso, el directivo balear bajó del autobús al jugador, se metieron en un taxi y partieron hacia el aeropuerto de Sevilla para volar a Palma. Se montó la marimorena, pero el futbolista y no se movió del Lluis Sitjar.

Han pasado más de treinta años y todo ha cambiado mucho, pero quien algo quiere, algo le cuesta. Fácil no hay nada, pero las dificultades están para vencerlas. Si uno lo desea, por supuesto.