¡DIRECTIVA DIMISION! (3-0 en Son Moix)
El titular resume el sentimiento, la protesta unánime de una afición dañada que puso colofón a una temporada desastrosa, cerrada con un partido de trámite más disputado en la grada, los móviles y de cara al palco que sobre el terreno de juego.
Pablo Torre abrió el marcador pocos minutos antes del descanso y ya cerca del final, Morlanes primero y Muriqi después pusieron música al funeral con sendos goles que, a su vez, certificaban la postrera derrota de un visitante inofensivo y desmotivado en la noche más triste.
ALINEACIONES:
R.C.D. Mallorca.- Leo Román (1), Maffeo (2), Valjent (1), Mascarell (1), Lato (1), Sergi Darder (1), Samu (1), Morlanes (1), Pablo Torre (2), Asano (0) y Muriqi (1).
Minuto 52, Raíllo (1) por Mascarell, lesionado. Minuto 60, Jan Virgili (1) por Asano y A.Sánchez (0) por Samu. Minuto 84, Olaizola (-) por Lato y Abdón (-) por Pablo Torre.
R.Oviedo.- Moldovan (1), Nacho Vidal (1), Bailly (0), Dani Calvo (2), Rahim (0), Colombatto (0), Fonseca (0), Ilyas (1), Reina (1), Santi Cazorla (1) y Fores (0).
Minuto 45, Hassan (1) por Fores. Minuto 62, Borbas (0) por S.Cazorla e Ivic (1) por Colombato. Minuto 76, Javi López (-) por Rahim y Lucas (-) por Nacho Vidal.
ARBITRO:
José María Sánchez Martínez (2), de Murcia. Sin complicaciones en un partido de trámite que resolvió sin jugadas polémicas y tres tarjetas amarillas para Samu y Morlanes del bando local y Santi Cazorla por el visitante.
GOLES:
Minuto 42, centro pasado de Maffeo que remata Pablo Torre en el segundo palo. 1-0
Minuto 82, Morlanes al recoger un rechace de Brahim en el interior del área. 2-0
Minuto 87, centro de Jan Virgili desde la línea de fondo, cuyo rechace aprovecha Muriqi a portal vacío. 3-0
El Mallorca sacó seis córners por cuatro el Real Oviedo.
Durante el partido abucheo constante hacia el palco presidencial, preferentemente dirigidos a Pablo Ortells, repetidos durante el partido con reproches a los jugadores, levemente aplaudidos al quedarse sobre el césped tras el pitido final, y gritos de «Directiva dimision» que resonaron en todo el estadio.
Y ADEMAS ERA IMPOSIBLE
Porque lo que no puede ser, no puede ser. Mientras los causantes de la debacle se aferraban uno, Alfonso Díaz, a una conjunción astral y el otro, el director deportivo, al 5 por ciento de las probabilidades de permanencia inmerecida, el presidente Kohlberg, que hace solo dos meses alababa su labor, compartía fracaso con uno de sus accionistas, Steve Kerre, seleccionador americano de baloncesto, a la espera de una carambola fantasma.
Tardó el Mallorca de Demichelis, terco con su rombo y confiado en el inútil correteo de Asano, en apartar la idea de que tampoco le saldrían las cosas ante un rival que incluso había reservado a su portero titular y concedía sus últims oportunidades a otros jugadores no alineados en jornadas precedentes. Se habían pasado la primera parte buscando, como siempre, la cabeza de Muriqi, anulado por Dani Calvo, sin más opciones que los fallos del japonés en las ocasiones más claras. El empeño de Maffeo, raras veces perseguido por su par, propició que, pendientes del kosovar, se aprovechara Pablo Torre para batir la meta asturiana.
Tras la pausa de refrigerio, ya hace calor, Guillermo Almada, el técnico mejicano, cambió de banda a Ilyas y su equipo empezó a dar alguna muestra de control. Una vana percepción, puesto que Leo Román no iba a ser inquietado más que en un cabezazo de Dani Calvo, cómo no, a la salida de un córner, y ya en el segundo tiempo, un disparo de Ylias repelido pese a la posición en línea de tiro de uno de sus compañeros que se anuló por fuera de juego.
No fue muy diferente el segundo acto de un partido inexistente. Los minutos fueron pagando las luces de un enemigo vencido incluso antes de salir al campo y, más atentos a lo sucedido en otros estadios, el público agradecía el esfuerzo de los suyos por agradar sin acabar de conseguirlo, mientras aplaudía el regreso de Raíllo, los minutos de Abdón y los goles del Getafe o el Girona, inservibles al fin y a la postre.
Muchos de los futbolistas del Mallorca aguantaron el chaparrón sin abandonar el césped, algunos de ellos a lágrima viva, un llanto que tampoco reprimían algunos espectadores. Pero esta ya es otra historia y se la contaremos a partir de mañana, lamentablemente con los mismos dueños del club, los mismos ejecutivos que han dirigido el hundimiento de la nave.
