El apocalipsis del fútbol

Las trompetas del apocalipsis suenan así: «Infantino proyecta convertir el Mundial en una compañía privada y vender las acciones». El sumario explica el plan: «El presidente de la FIFA se colocaría como CEO de la nueva empresa, asistido por JP Morgan y el hermano del yerno de Donald Trump, según informa ‘The Times’.

Les ahorro el tiempo que destinarían a la lectura del todo el informe que se puede resumir en el que utilizan todos los aspirantes a cargarse el fútbol en beneficio de sus intereses, es decir, prometiendo repartir millones entre los traidores, los colaboracionistas y los sumisos. El estilo de Florentino con su invento de la Superliga, el fondo de inversión Apolo con el Atlético y todos aquellos personajes que contribuyen y han apoyado que este deporte haya derivado en un negocio pingüe para el noventa por ciento de las SAD que lo integran y muy lucrativo para los pocos que se aprovechan.

Este sistema, por otra parte nada novedoso, se repite a una escala mucho menor en cada una de los confederaciones de la propia FIFA, las federaciones de los paises adscritos a cada una de ellas y los clubs que las integran. Ni las televisiones, ni los patrocinadores, ni la publicidad mantienen en pié el fuego sagrado que terminarán apagando. Se equivocan quienes piensan que sin el público, sin las aficiones que usan como coartada, es posible sostener el tinglado. Ellas son las que pagan todo eso, porque si los estadios estuvieran vacíos y las pantallas parmanecieran apagadas no habría negocio.

Dijeron que sin directivos el edificio se vendría abajo, después que los verdaderos dueños eran los futbolistas. ¡Mentira!. Se pongan como se pongan, el fútbol es de los seguidores, sea de equipos o de selecciones. Pero llegados a este punto, solo una rebelión a nivel mundial ante el anuncio del mayor ataque jamás perpetrado contra la esencia y los valores que auspiciaron el nacimiento del balompié a principios del siglo pasado, puede evitar su juicio final. Infantino en este último Mundial ha acumulado suficientes motivos para que él y la que pretende convertir en SU organización se sienten en un banquillo, no precisamente el de ningún campo de fútbol.

Me disponía a escribir sobra la simplicidad del Consejo de Administración del Mallorca aprovechando la entrada como consejero, es decir con voz pero sin voto, del CEO de la compañía aérea Air Europa, Richard Clark. Además del presidente Andy Kohlberg y un tal Sam Garvin, el quinteto lo completa una secretaria no consejera y un vicesecretario no consejero, Alfonso Díaz que a su vez se mantiene en calidad de CEO Corporativo, así se define. Pero la noticia lanzada por el diario El País citando a The Times, me ha parecido mucho más relevante y, sobre todo, preocupante.