El fútbol modesto, en peligro

La Federación Española de Fútbol debería estar menos pendiente de las categorías profesionales, Primera y Segunda, que para eso está la Liga de Fútbol Profesional y mucho más de reformar lo que Luis Rubiales acabó de matar con su invento de la Primera Federación, Segunda Federación, y así sucesivamente. Ahora  la regional preferente de toda la vida se llama División de Honor de no sé qué más. Y no se pregunten por qué ante la evidencia de que lo único que les ocupa, aunque no preocupa, es dónde está el dinero, precisamente lo que no hay en las categorías de exclusiva responsabilidad de la Federación.

En su día mataron al Reus, luego cayó el Extremadura, el mismísimo Elche resurgió de sus cenizas, igual que el Córdoba, casi desaparecen el Málaga o el Burgos y acaba de celebrarse el funeral del Lleida a la espera de que el San Fernando salga o no de la UCI. Pero Rafael Louzán, el presidente designado, se ha centrado prioritariamente en lavar la cara del estamento arbitral para que no se enfade el Real Madrid y en procurar que el contrato de la Supercopa con Arabia Saudí continúe atado y bien atado.

Siendo entrenador del Real Oviedo, Alvaro Cervera dijo, en referencia a los equipos y jugadores modestos: «A nosotros nos tienen en el rincón del fútbol y ahí se equivocan». Le sobra razón. El fútbol formativo genera un gasto considerable porque ningún club lo considera una inversión y la normativa se lo permite, pero si falla la cosecha de trigo no hay pan y si la vid no da frutos nos quedamos sin vino. El Barça, como ejemplo paradigmático, ha sobrevivido gracias a la Masía y aunque Florentino Pérez no puede presumir de Valdevebas aunque le pague los abogados a Asencio, cada vez que baja la persiana un club de los de abajo los de arriba tendrían que rezar y, al menos, pagar las exequias.

Aunque solamente fuera por egoísmo en Las Rozas entenderán que su gran sostén parte de cada una de las federaciones territoriales y sus licencias. Este es su caladero de votos. No los árbitros, ni los entrenadores, ni los futbolistas de élite. Por eso las riegan de euros que sirven para callar bocas y atraer avispados, pero no para abonar el campo y asegurar un porvenir libre de la especulación y al servicio de los verdaderos valores del deporte. El fútbol en este caso.