El pecado y su penitencia
Hace algunas semanas expuse en este blog las sinrazones de una renovación. Martín Demichelis, en adelante Don Miguelis, se cansó de repetir, aparte de la cantinela del compromiso, la reestructuración y la ilusión, que «vine a ganar y no a agradar». No hizo ni una cosa ni la otra, ¡buen viaje!. Ha querido el destino que Pablo Ortells encontrara la penitencia en su propio pecado. Tendrá que reestructurar la reestructuración, refundar la refundación y colocar la guinda al pastel de su fracasada decisión que, como colofón, debería bastar para irse por donde vino, lo que no sucederá.
El argentino ha perdido la ocasión de marcharse con un mínimo de elegancia y algo más de educación, virtudes que ya no exhibió en Elche ante el colega de ULTIMA HORA que había cumplido con su trabajo al anticipar el relevo de Maffeo, una de las más que discutibles decisiones del «staff». Antes de irse ha repetido la historia, igual que, por tercera vez, ha tomado las de Villadiego por la puerta de atrás y con la luz apagada. En esta ocasión le ha tocado al compañero de Onda Cero, Paco Muñoz, quien denuncia la agresión de uno de los jenízaros del técnico cuando intentaba obtener la explicación que no ha dado y que, desde luego, tampoco necesitamos.
Si Jurguen Klopp, el ideólogo del Red Bull Leipzig, se deslumbró por aquel triunfo sobre el Real Madrid que, finalmente, no sirvió más que para prolongar la agonía del condenado, allá él. Debería informarse con Ortells a quien no le importaría tomarse un café en medio de su incesante trabajo habitual, incrementado ahora con la apresurada búsqueda de un sustituto, suyo no, del cesante. Pero que en Alemania disfruten lo comprado, en Son Moix pasan más gusto vendiendo. Al menos el CEO.
Lo que es la vida, a Arrasate lo echaron por buena persona. Piensen, comparen y si encuentran una comparación, olvídenla.
