El producto es el fútbol

Hace tiempo que mantengo que el declive de la prensa, no del periodismo, comenzó el día que los periódicos empezaron a regalar sartenes como atractivo de venta en lugar de las noticias u opiniones que, se supone, deberían ser su producto. El resultado es que ya no venden ni una cosa, ni la otra mientras se refugian en el auge digital y el impacto de les redes sociales.

Puede, aunque no voy de profeta, que los clubs de fútbol estén cavando su propia fosa y que, en efecto, en un futuro no excesivamente lejano, tengan que ceder sus grandes estadios para la celebración de conciertos, diferentes eventos o erigirse en el epicentro de mega superficies comerciales aptas para toda clase de servicios. Las competiciones se han trasladado a la televisión, donde se ubican los aficionados desplazados de sus gradas y asientos. Si les cabe alguna duda, piensen en el Villarreal-Barça de Miami.

A Andy Kohlberg, el presidente del Mallorca, experto en finanzas y neófito del «soccer», le han convencido de que, además de la compraventa de jugadores, cubrir la parte alta de una tribuna, colocar cristaleras en el túnel de vestuarios, restaurantes de lujo, palcos vip y cafeterías, eran inversiones productivas; en mi opinión, tanto como innecesarias. Los 23 mil espectadores presentes en el partido inaugural de la liga como contraste a los 16 mil registrados con motivo de la visita del Celta reflejan que los 7 mil de diferencia fueron a ver al Barça, como otros tantos lo harán cuando venga el Real Madrid o en menor medida los Atlético, Celta y poco más.

Al mallorquinismo, ya de por si difícil de ilusionar, no se le convence con conciertos de Sabina, vídeos graciosos o «tours» en torno a Son Moix. Ni Laporta a los suyos con o sin Spotify de no mediar los resultados del equipo. Ni siquiera Florentino Pérez a pesar de su súper Bernabéu en cuanto al Real Madrid repita otra temporada si títulos que llevarse a Cibeles. Y, por no salir de nuestra onda, los mallorquinistas exigen, aunque sea con la boca pequeña, inversiones en el equipo, refuerzos capaces de originar entusiasmo y, en suma, devolver el espectáculo al terreno de juego del que nunca ha de salir. No sea que también haya que terminar regalando sartenes o….camisetas, que para el caso no es muy diferente.

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