Epílogo del Mundial
Salvo en Argentina y para los argentinos, por supuesto, los demás podemos ir cerrando análisis sobre una competición que, aunque modélica en organización, nunca debió celebrarse donde lo ha hecho aunque fuera por meras circunstancias climáticas y no interferir en las competiciones domésticas del resto del Mundo, sin entrar en cuestiones políticas que también serían discutibles en foros distintos a este.
Si nos centramos solo en aspectos deportivos y del juego, extraemos pocas conclusiones importantes. De todas formas habría que dejar constancia de la negación evolutiva del juego, salvo por lo que respecta al negocio y el dinero. En citas precedentes se observaban novedades tácticas o estratégicas que los técnicos fueron adaptando o no, según sus gustos, criterios y posibilidades. De la antigua WM, un 3-2-5 en toda regla, los dibujos fueron cambiando con una frecuencia de cuatro en cuatro años, casi siempre con tendencia a reforzar la defensa antes que el ataque pese a que uno de los magos, Di Stéfano, soltara aquello de que «la mejor defensa es un buen ataque». Pasamos al 4-2-4, el 4-3-3, el 4-4-2. el 4-2-3-1, el 4-1-4-1 andamos en ciertos casos por el 5-3-2 , el 5-4-1 y hemos asistido en Doha y ocasionalmente a una especie de 5-5-0 que, por fortuna, tampoco constituye noticia.
El cambio de reglamento tampoco aporta nada. Que el balón pueda o no salir del área cuando saca el portero es indiferente, que el saque inicial vaya para adelante o hacia atrás suena a tontería, que a los porteros casi se les encadene a la hora de recibir un penalti se ha revelado inútil, que los asistentes levanten el banderín una semana después de que haya terminado la acción del futbolista en fuera de juego es para tontos y solo despista al personal, las prolongaciones resultan interminables, tediosas y, mientras, seguimos sin aclarar qué manos o codazos se deben sancionar o no porque si, como parece, es a criterio del árbitro, entonces la norma es más antigua que el que inventó el mismísimo, bendido y maldito fútbol.
Y hasta el 2026, si Dios quiere y ojalá no quiera que la fase final reúna a 48 selecciones. Dónde ya es lo de menos.

