Escribir el hoy, mañana ya veremos

El futuro se escribe día a día y predecirlo es patrimonio de los oráculos. No todas las profecías están para cumplirse, aunque algunas lo hagan. Así que es muy pronto para hacer cábalas sobre la clasificación final del Mallorca cuando solamente han transcurrido dieciséis jornadas de liga. El botón de la temporada 2010-11, con Laudrup en el banquillo, debería servir de muestra, pues los 27 puntos de la primera vuelta auguraban algo más que salvar el descenso en la última jornada por el milagroso margen de un solo punto sobre el Deportivo, descendido con 43. Aprendamos del pasado antes de que cause dolor.

La realidad marca que hoy hay diez equipos con una situación peor que la de los discípulos de Javier Aguirre, que apela a la economía para explicar, que no justificar, su estilo de juego. Una declaración políticamente correcta para no enfrentarse a un vestuario de calidad limitada. Si el propio director de fútbol, Pablo Ortells, declaró no hace mucho, conformarse con salvar la categoría en la última jornada, como ya ocurrió en el año recién fenecido, poco hay que añadir. Esa es la meta, están en el buen camino.

No procede sacar otras metas a colación dado que el objetivo es único y claro. Por otra parte se acaba de abrir el mercado de invierno y desde las almenas no perdemos de vista los posibles movimientos de jugadores, quiénes se van, si se van y quiénes vienen, si vienen. Las posiciones abismales rondan el 38 por ciento de los puntos en disputa y la carrera mallorquinista va por casi el 46 por cien. Se anuncia tiempo apacible durante la travesía, pero no se ha cubierto ni la mitad del trayecto  y aunque la prisa representa el signo de los tiempos, el reloj no se adelanta ni se retrasa a voluntad de los seres humanos, ni de las necesidades del espacio informativo.