Fichajes en cadena
Se ha escrito bastante, aunque tampoco mucho, de la intervención de los entrenadores en la planificación de las plantillas a las que van a dirigir. He conocido a presidentes dictadores que no admitían opiniones al respecto, directores deportivos partidarios de la abstención de sus técnicos y muy pocos preparadores dispuestos a imponer su criterio respecto a las necesidades de sus equipos. También términos medios dentro de una relación, presidentes al margen, que parece imprescindible en una cadena de responsabilidades que exige confianza y colaboración.
Nadie es perfecto y un descarte brutal de Jorge Valdano como entrenador del Valencia, permitió al Mallorca hacerse con los servicios de Eskurza, Iván Campo, Romero, Engonga, Moya y Gálvez en su retorno a primera división en la temporada 1995-96. Un gran refuerzo para los del Lluis Sitjar del que en Mestalla se arrepintieron bastantes veces.
Años antes Benito Joanet había solicitado el fichaje de un delantero centro fuerte, alto con dominio del juego áreo y le trajeron a Mika Lipponen que, además de tener que dejar el club al no soportar el caluroso clima insular, apenas medía 1,70 y jugaba de extremo.
Más allá de tales ejemplos es menester adquirir conciencia de dónde ha aterrizado uno, cuáles son las metas de cada SAD en cuestión y sus posibilidades económicas porque, por encima de la necedad de confundir gasto con inversión muy propio de ejecutivos ignorantes de las particularidades de un club de fútbol respecto a empresas de otros sectores industriales o comerciales, uno siempre tiene la obligación de marcharse si no está de acuerdo con los recursos a su disposición.
En circunstancias paralelas aunque no convergentes, Héctor Cúper dimitió en su segunda etapa al frente del Mallorca perdonando todo lo que le restaba de contrato. Un caso único en la historia de la SAD. No sabremos qué haría Arrasate en el hipotético caso de que, al cierre del mercado, Pablo Ortells no hubiera fichado como mínimo a un central y un extremo en la antítesis de Van der Heyden o Chiquinho, pero aprendida la lección del pasado verano y a dos semanas de la primera jornada de liga, un nuevo fiasco cualquiera que fuera su causa, no le convertiría en víctima de un engaño, sino en cómplice del mismo.
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