Fútbol: de deporte a industria
Desde la implantación de las distintas ligas profesionales de fútbol, la FIFA, igual que las federaciones nacionales de fútbol, ha perdido sentido. Sobrevive por la explotación abusiva de los torneos internacionales de selecciones y las que tutelan las confederaciones continentales a su servicio. Pero si en algo tiene razón es en su oposición frontal a la creciente influencia de los fondos de inversión al convertirse en dueños de cada vez más clubs porque estos no solamente ponen en peligro el deporte y el espectáculo al reconocer el dinero como su interés objetivo y prioritario, sino que abonan el terreno de la sospecha en cuanto a la pureza de partidos y campeonatos y pervierten la esencia que nace de la territorialidad o, si se quiere, el sentimiento de cada aficionado hacia el equipo que le representa.
Es evidente que el fútbol se ha industrializado de tal modo que no será fácil torcer el rumbo emprendido, pero en Inglaterra ya se escucha la primera voz de alarma. Aunque algunos clubs británicos, muchos de ellos cotizando en bolsa, han acabado en manos de empresarios, rusos, árabes o americanos, la Premier ha reaccionado ante la reciente compra del Newcastle por un fondo inversor árabe que amenaza con romper el mercado aprovechando el segundo período de fichajes el próximo mes de enero. De momento el llamamiento se queda en la posibilidad de que el resto de participantes en la liga boicoteen la salida de cualquiera de sus futbolistas al club de las «urracas». Su presidente Yassir Al-Rumayyan está dispuesto a gastar lo que sea para evitar el descenso del equipo y devolverlo al lugar que antaño ocupó. Cabe suponer que con el beneplácito de los hinchas asiduos a St. James Park.
Considerar a los aficionados como simples clientes, repito, utilizando sus sentimientos como coartada para un negocio que no les afecta directamente quiero pensar que tiene corta vida, aunque me temo que no muchos piensan igual. Hay mallorquinistas, vamos a lo nuestro, que no se sienten representados por Robert Sarver y sus socios, sin embargo los hay que si o, sencillamente, no les importa. La FIFA terminará encontrándose en desventaja, pero la burbuja puede estallar el día que cualquier consejo de administración decida trasladar a su club a otra ciudad más rentable, una opción que no hay que descartar a corto o medio plazo.

