Goles, vicegoles, ocasiones y fallos

Mariano Tirapu, portero que fichó por el Mallorca en Segunda en el mes de julio de 1981, ascendió a Primera en la temporada 82-83 y descendió de nuevo en la 83-84, me decía que «los porteros no paramos penaltis, los fallan los delanteros». No hay ocasión más clara que la del máximo castigo. Sin ser tan rotundo, Luis Aragonés paraba el entrenamiento y hacía repetir jugadas con la bronca correspondiente cuando alguien no marcaba gol en situación de ventaja. Y Bill Shancly, leyenda en el banquillo del que fuera el mejor Liverpool de la historia, gritaba desde la banda: «si estás dentro del área y no sabes qué hacer con el balón, chuta a gol y después ya discutiremos las opciones».

El porcentaje de fatalidades a las que llamamos mala suerte al desperdiciar «vicegoles» según los definía el admirado Antonio de Rojo, corresponsal en Bilbao del Carrusel Deportivo de la Cadena SER en los años cincuenta y sesenta, es muy inferior a los que no se convierten debido a las condiciones técnicas de quien remata, bien por falta de puntería, de la debida concentración o simple y llana torpeza. Cuenta la leyenda que en pleno dominio local durante un Racing-Atlético con Manolo Reina padre bajo la portería colchonera sacando balones con todas las partes de su cuerpo, vió como el enésimo remata de Paco, «9» menorquín en las filas cántabras, topaba con el travesaño a portal vacío. El narrador televisivo lamentaba la mala fortuna del lance interrumpido por el entrenador José Luis García Traid, de singular éxito en el Salamanca y el Real Zaragoza, que le rectificó: «no es una acción desgraciada porque si en lugar de Paco hubiera sido Maradona, la pelota no habría ido al palo, sino a la red».

Las presentes anécdotas vienen a restar importancia al hecho de generar jugadas de aparente peligro sin culminar la definición. Los aficionados a los toros podrían cuántas faenas para dos orejas y rabo han derivado en una gran bronca por culpa de un mal estoque. De la misma manera la frustración de las oportunidades fallidas el pasado lunes en Son Moix en la meta del Cádiz no avalan una buena actuación, sino que la deslucen. El fútbol no entiende de merecimientos, solo de goles.

Para desesperación de Serra Ferrer en un partido dirigiendo al Real Betis ante un visitante acosado, el futbolista verdiblanco Cañas trató de tranquilizarle: «¡no se preocupe «míster» que ya vamos cinco «uys» a cero». El Mallorca remontó con dos goles el tanto inicial de los andaluces, de no ser por las testas de Pablo Torre y Adrián Fuentes, los «uys» de la primera parte no hubieran servido para nada.