Greif otra vez (0-0 en Vallecas)
El portero eslovaco del Mallorca en cinco intervenciones de mucho mérito por su dificultad, evitó una nueva derrota para cerrar esta temporada que ha finalizado con conclusiones muy distintas a las que pudieran preverse antes de las campanadas de la Nochevieja del 2024. Un once en cierto modo experimental no llegó a la portería local más que en dos ocasiones embarulladas a la salida de los dos únicos saques de esquina botados ante Batalla.
ALINEACIONES:
Rayo Vallecano.- Batalla (1), Balliu (1), Lejeune (1), Aridane (2), Chavarría (1), Unai López (1), Ciss (1), Andrei (1), Isi (2), Alvaro (1) y De Frutos (1).
Minuto 49, P.Díaz (1) por Unai López. Minuto 58, Gumbau (1) por Balliu. Minuto 88, Trejo (-) por Isi y Embarba (-) por De Frutos.
R.Mallorca.- Greif (3), Mateu (1), David López (1), Raillo (1), Lato (1), Samu (1), Mascarell (1), A.Sánchez (0), Sergi Darder (1), Marc Doménech (1) y Muriqi (0).
Minuto 64, Morlanes (1) por Mascarell y Larin (0) por Muriqi. Minuto 71, D.Rodríguez (1) por A.Sánchez y Jan Salas (1) por Marc Doménech. Minuto 77, Mojica (-) por Lato.
ARBITRO:
De Burgos Bengoetxea (1), de Bilbao. En partido que no encerraba ninguna complicación, pecó de paloma. Aplicó mal la ley de la ventaja, especialmente en una acción individual de Sergi Darder que había recibido tres faltas consecutivas antes de perder el balón, se equivocó en la apreciación de algunas faltas siempre a favor de los locales. Amonestó a Mascarell e injustamente a Samu por protestar en una acción en la que la razón estaba de su parte. Pitó tarde y no siempre bien. Además de a los dos jugadores visitantes mencionados, mostró tarjetas amarillas a Unai López y Ciss, que se hizo acreedor a otra en más de una ocasión.
El Rayo lanzó 10 corners, por 2 el Mallorca.
THE END
La voz del malogrado Jim Morrison con The Doors, encabezaba el principio y sellaba la última escena de la imborrable Apocalypsis Now de Francis Ford Coppola. La que abría esta liga en Son Moix prometía una película más entretenida, pero hemos terminado aplaudiendo la pantalla en negro sobre la cual se impresionaba la palabra FIN. «Es el final, amigo. El final de nuestros planes. Sin seguridad ni sorpresa. Este es el final».
El Mallorca pisó el terreno del Rayo, que entrará en Europa sin haber ganado porque tampoco lo hizo Osasuna, una doble decepción para Jagoba Arrasate que no ha sabido explicar cómo ni por qué se la ha roto el juguete en una lamentable segunda mitad del campeonato. Quizás podamos aportar algunas pistas. Digamos a modo de resumen que los madrileños fueron mejores de principio a fin, generaron claras oportunidades de gol y únicamente la portentosa actuación de Greif, una vez más, maquilló otro encuentro para olvidar, si bien se recordará en el popular y populoso barrio de la capital por su clasificación continental. Buen provecho.
No esperen de mi parte una valoración de los minutos disputados por David López, Marc Doménech y, algunos menos, Jan Salas. Si llegan a disputar diez encuentros en primera división ya hablaremos. Si los han jugado Antonio Sánchez, Copete, Abdón y Larin, entre otros, tampoco debería costarles mucho.
Hay pocos futbolistas en este Mallorca 2025 que vayan a buscar la pelota, casi todos se limitan a esperarla, lo cual implica pérdida de rapidez, duelos ganados por el rival e infinidad de balones perdidos debido a la menor anticipación para recuperarlos. Ahí tiene una explicación más allá de que se ha perdido firmeza defensiva y no se ha generado nada en ataque, donde Muriqi ha dado ya todo lo que tenía y el canadiense no existe. Un contragolpe en el que Lato podía llegar hasta el fondo y se detuvo antes de llegar al área para bombear el balón buscando al kosovar, ese recurso ya inútil, explica la poca fe del equipo en sus propias fuerzas, sostenidas ayer en base a la acumulación de jugadores para detener la avalancha vallecana y el improbo trabajo de Samu, siempre desordenado, y Mascarell.
Valery y Chiquinho tienen que se muy malos para que Antonio Sánchez, incapaz de irse de un cono, sin velocidad ni desborde, se pegue a una banda para ver correr al lateral que le marca. Estuvo una hora y diez minutos en juego antes de que alguien le sustituyera. Fueron inservibles todos los cambios de juego que intentaban sus compañeros, básicamente Sergi Darder para profundizar en contados contraataques. Pero no toda la culpa es del palmesano, porque la imprecisión es otra de las características innatas de este escuadra que no ha jugado a nada en todo lo que llevamos de año. Una vez más, 101 minutos sin haber tirado una sola vez entre los tres palos de la meta enemiga.
Vamos a dejarlo así. «This is the end, beautiful friend. This is the end, my only friend. The end».