Guerra sin cuartel ni mediador (a)

Me pregunto cómo puede llamar al orden quien no ha sido capaz de imponerlo durante un largo período de tiempo. Ninguna de las reuniones convocadas por el CSD para conciliar las relaciones entre la Federación Española de Fútbol y la Liga de Fútbol Profesional ha propiciado mayor encuentro que el de un falso apretón de manos sin que la secretaria de Estado al efecto, la señora Irene Lozano, haya logrado la paz en la guerra personal, Rubiales vs Tebas, e institucional que sufre el fútbol español.

El cruce de acusaciones y cartas con la excusa de la elaboración del calendario, ha provocado una nueva cita como si el sorteo de las competiciones fuera el único problema. Y no porque ni siquiera basta con aplicar la letra, que no eel espíritu de normativas obsoletas para usurpar el papel de Salomón en un juicio que exige sentencias más drásticas y menos metafóricas. Pase que la Federación, donde añoramos ya incluso a Porta o al mismísimo Villar, tiene la competencia de confeccionar el calendario, pero es absurdo que pueda determinar cuántos equipos han de tomar parte en un campeonato de índole profesional que incluye un reparto discrecional de dinero por determinados derechos audiovisuales, etc. Ningún derecho ampara a incrementar el número de receptores de dichas cantidades desde Las Rozas. Cuantos más clubs, menos toca a cada uno y eso sólo lo puede decidir la patronal, previa consulta a los interesados, por mucho que en alguna parte algún ilustre legislador del pasado dejara escrito lo contrario. No hablemos de la perversión reglamentaria que ello supondría. Olería mal, si es que ya no hiede.

Humildemente propongo a las altas instancias del deporte español que se dejen de fruslerías y adopten la urgente remodelación de ciertas leyes obsoletas y absolutamente necesarias:

1.- Fijar plazos para la reconversión del Real Madrid, C.F. Barcelona, Athletic de Bilbao y Club Atlético Osasuna en sociedades anónimas deportivas como los 38 clubs restantes que militan en la liga donde compiten.

2.- Constituir los Comités de Arbitros como un organismo colegial independiente tanto de la Federación como de la Liga. Igual para el Comité de Entrenadores.

3.- Reconocer a la Segunda B como una categoría de carácter profesional, al serlo de facto, fijando a su vez sus limitaciones laborales y salariales.

4.- Regular el mercado de futbolistas y técnicos adaptándolos a la realidad económica internacional con contratos mínimos pero, sobre todo, máximos según categoría.

Fuera de cuestiones estrictamente deportivas también habría mucho que hablar del bacalao, pero quizás sin tanta prisa.