Infantino y ¿quién más?

Se diría que lo que les preocupa no es tanto el fútbol, sino quien reparte y controla la pasta. Solo en este punto ha chocado Gianni Infantino con las confederaciones agrupadas en la FIFA excepto el silencio sospechoso, sino cómplice, de la CONMEBOL (Sudamérica),  la AFA (Africa) y la OFC (Oceanía). Las opositoras , con la UEFA a la cabeza, CONCACAF (Norteamérica, Centro América y el Caribe) y la AFC (Asia), que reclaman la cabeza del emperador y promueven su abdicación, han apoyado otras barbaridades como la ampliación de la fase final del Mundial a 48 selecciones, amenaza de 64 el 2030, el Mundial de Clubs, el Mundialito o la Nations League, con una sobrecarga del calendario que prioriza las entradas de dinero incluso por encima de la salud de los futbolistas, vedaderos amos de la historia, que tampoco están exentos de responsabilidad al no rebelarse a tamaña imposición por la sencilla aunque no menos poderosa razón que los ingresos extra que les supone todas y cada una de dichas competiciones.

La regeneración, que incluye la dimisión del actual presidente en caso de producirse, pasa necesariamente por una transparencia total de las cuentas y de las normas reguladoras del juego y los arbitrajes, cuya cúpula ya vimos como se plegaba a la orden, antes que sugerencia, de anular una tarjeta roja a un internacional norteamericano, por no recordar las decisiones más que dudosas que influyeron en las derrotas de Argelia, Egipto o Suiza, siempre en sus cruces con Argentina. No olvidemos tampoco los sucesos de la final entre Senegal y, qué curioso, Marruecos, en la final de la Copa de Africa.

El fútbol necesita una limpieza a fondo desde los sótanos a las azoteas. Aunque el humo salga por las chimeneas, la calderas están abajo, sean de carbón o gasóleo. Es imprescindible una mayor regularización del mercado con límites salariales y menos recovecos en los contratos, una reducción del calendario internacional, una renovación de las leyes de sociedades anónimas deportivas que vigile el desembarco de fondos de inversión en las mismas, un reglamento más preciso y menos sujeto a interpretaciones y limitaciones fronterizas a la celebración de competiciones domésticas fuera de las fronteras de cada país. De lo contrario y de la misma manera que la Federación Española hurta a los aficionados esa Supercopa vendida a Arabia Saudí, mañana cualquier partido de la Champions, por ejemplo,  se celebraría en el Polo Norte en cuanto Trump se anexionara Groenlandia. La Superliga de Florentino Pérez, a la que también se opuso la FIFA, solo fue un amago.

Todo eso implica mucho más, como asimismo el cese de Infantino. Seguro.