Munuera ya es historia
Se podría escribir un libro sobre José Luis Munuera Montero, desde el gesto de ir a pitar un penalti de Lunin sobre Williot en el Real Madrid-Celta y cambiar de opinión con un saltito de bailarina sin señalar la flagrante falte o, en su defecto, amonestar al delantero por simulación a perdonar la expulsión de Alex Baena en el Villareal-Mallorca de la pasada temporada pese a enviar a Valjent al hospital. El pasado sábado fue el Mallorca quien pagó el pato de su duda, sin que por ello influyera en la victoria del Barça aunque si en el desarrollo del partido.
Pero sería un grave error permitir que el frondoso árbol plantado por el árbitro de Jaén impidiera ver la densidad del bosque que esconde la no menos espesa planificación de la plantilla del Mallorca. Pablo Ortells, su primer responsable, peca de ingenuidad si pretende competir en la liga sin lateral derecho, Mateu no da la talla y Antonio Sánchez vale como apaño, sin medio de cierre en el probable caso de la venta de Samu, con un extremo muy justito, Asano, sin fuelle para correr hacia atrás si es necesario, sin recambio para Mojica obligado a fregar como para servir y, quizás lo más importante, sin recambio para Muriqi que despareció ya hace meses y todavía no ha vuelto ni sabemos cuándo o siquiera si lo hará.
Cerrada la contratación de Kumbulla, menos mal, las carencias de este equipo se hacen evidentes por su reiteración y lo peor en cualquier vestuario es que no haya competencia interna en determinadas demarcaciones. La visita del Barça en el inicio del campeonato elude el ejercicio de redactar las notas que figuran en el borrador, pero hay algunas que vienen de cuartillas ya desgastadas que no precisan de un folio impoluto para que las tengamos grabadas en el cerebro y absolutamente presentes.
La foto que ilustra este comentario muestra el estado de uno de los accesos a las gradas desde la esquina norte de la tribuna oeste, puerta número 2. No todo es presumir de cerchas en la de enfrente y cristales en el túnel de vestuarios como si los futbolistas que saltan al terreno de juego estuvieran en un zoo. No todo, señor CEO Alfonso Díaz, es presumir de fachada. Ni debe.


