Su hermosa lavandería

Hay dos leyes tácitas que el fútbol negocio no ha podido borrar de aquello que un día fue deporte y ha dejado de ser espectáculo. La primera es que «lo que sucede en el campo, se queda en el campo» y la segunda, no menos importante, «los trapos sucios se lavan en casa».

Leo Román ha aprovechado su gran actuación en Montjuic frente al Barça para exponerlos cara al público en el tendedero de la azotea y el club, nada ejemplar en materia de transparencia, los ha llevado a la lavandería por órdenes de los que todo lo hacen bien y sus emisarios del departamento de comunicación y derivados. Se supone que no a la de Son Bibiloni porque allí las lavadoras no dan abasto.

Mientras Andy Kohlberg, el presidente, quiere convencer a su fiel parroquia de que la aparición puntual y ocasional de Marc Domenech, Jan Salas y David López durante unos cuantos minutos en el primer equipo prueba su apuesta decidida por la cantera. Tan escasa cantidad de detergente no basta para eliminar las manchas que se aprecian desde la cola de la atascada carretera de Sóller.

Si lo que queremos son obras y no amores, el botón de muestra de la dejadez imperante en la Ciudad Deportiva respecto al fútbol base, se ha «viralizado» en las redes sociales, tan del gusto de la casa presumiendo de millones de seguidores, donde se ha publicado la foto del juvenil internacional bolivariano Oscar López que tuvo que salir al terreno de juego con la camiseta de un compañero, Jordi Porras dorsal 29, porque la diligencia del responsable o responsables del asunto, no habían estampado el nombre del chaval. Ni eso.

Imaginamos que con conocimiento del árbitro de turno que, sin duda, no se trataba de Cuadra Fernández, entretenido en dar cátedra y doctrina a los jóvenes aspirantes al silbato mientras suspende los ejercicios prácticos, el último de ellos hace una semana o así en Villarreal.