La procesión va por dentro

A distancia resulta complicado ir más allá de las apariencias o las sensaciones, pero en relación al caso Sarver hay motivos más que suficientes para pensar que eso de que «lo que ha sucedido en Estados Unidos se queda en Estados Unidos» responde más a un deseo a este lado del Atlántico, más concretamente en nuestro mar Mediterráneo, y a una respuesta para esquivar el bulto en lo posible.

El presidente de la sociedad que posee los títulos de propiedad del Real Club Deportivo Mallorca SAD, no del club, considerado hasta ahora el «dueño» y a raíz de los acontecimientos solo  «accionista minoritario» ha sido presionado para que abandone la franquicia de sus «teams» de baloncesto, Phoenix Suns y Mercury,  masculino y femenino, para siempre y no durante el tiempo que establece la sanción impuesta por la NBA. Y esa presión no la ejerce cualquiera, sino que lo ha solicitado su mismísimo vicepresidente y hasta la alcaldesa de la ciudad, cuya corporación se plantea profundizar más en la investigación con el fin de negar, si procede, el uso del Pabellón «Footprinter Center» donde juegan sus partidos. Los patrocinadores habrían recibido a su vez sugerencias para retirar sus convenios si Robert Sarver no dimite.

En tales condiciones no será fácil que el asunto no afecte a su posición en el Mallorca. De puertas para afuera se da una imagen de tranquilidad como si la historia no fuera con ellos, pero dentro reina la preocupación y no sorprendería que el protagonista terminase por desprenderse al menos de su parte de participación en la Liga ACQ Legacy Partners LLC o, lo que es lo mismo del Mallorca y el White Caps de Vancouver. El y quién sabe si alguien más.