Las múltiples caras del silencio

Retomemos las cuentas. Muriqi, Maffeo, Larin, ya vendidos, suponen un ingreso en torno a los 21 millones de euros, a los que se auman los 2,5 de la cláusula de rescisión de Demichelis, vamos por los 24 si venden a Mojica por 500 mil. 18 de la ayuda al descenso hacen 42 y todavía no han colocado a Samu que ha empezado de suplente en el Mundial. En la recámara Jan Virgili y dicen que Leo Román; los banderines de córner, en breve. Aún sin ellos podríamo estar hablando de no menos de unos ingresos de 60 millones sin contar las nóminas que se dejarán de pagar.

Para que se hagan una idea, con más o menos la mitad de este dinero, el Getafe casi se clasificó para Europa y el Elche, el Levante y el Sevilla salvaron la categoría que el Mallorca, con más de 60 de límite salarial consumido, según el CEO, se fue al garete. El presidente Kohlberg le llama a eso «una buena gestión» y sus acólitos de dentro y fuera de Son Moix le siguen la corriente.

Moviment Mallorquinista pide explicaciones. Se las darán. Otra cosa es se las crean o no. Hay muchas clases de silencios. The Tremeloes, una banda británica de finales de los 50, consiguió su único gran hit mundial con una canción titulada «Silence is golden». Pero Jesús Quintero, el «Loco de la colina», convirtió en magisterio el silencio más elocuente jamás escuchado. Hay silencios cobardes, ominosos y cómplices porque quien calla, otorga. Esto va a gusto del consumidor. Metidos en comparaciones, prefiero quedarme con Los Gritos del Silencio, con los que el cineasta de Roland Joffé (La Misión) dio vida a los sucesos de la revolución de los jémeres rojos en Camboya. Los silencios que vienen de arriba suelen ocultar las ideas, los que vienen de abajo resuenan con más fuerza y tienden a expresar la indignación y el recelo, aunque siempre nos quedarán los ingénuos como París a Humphrey Bogart en el aeropuerto de Casablanca.

Solo hablan entre ellos y así nadie les contradice.