Las ovejas que entren, por las que salgan
En su última etapa en calidad de principal accionista y presidente del Mallorca, Mateu Alemany solía decir que quien quiera invertir en un club de fútbol tiene que estar dispuesto a perder algo de dinero cada año. Es, afirmaba, como tener un yate a una amante. No sé hasta qué punto han cambiado los tiempos y si bien es cierto que los amoríos cuestan dinero y hay a quien les compensa, los dueños de embarcaciones se las ingenian para sacarles rendimiento en efectivo o en especies, ya me entienden.
No es el caso de Robert Sarver y sus socios con el club decano. Han obtenido escasos beneficios, pero tampoco grandes pérdidas porque, entre otras cosas, gastan lo mínimo. Ahora en el mercado de enero exigen reintegros antes que desembolso, las ovejas que entran, si es que lo hace alguna, por las que salen. Parece ser que Lago Jr. cambiará el suave invierno mallorquín por el frío clima de Huesca, destino al que se resiste Febas, otro de los incluidos en el lastre, quizás más interesado en la eterna primavera de Tenerife donde se reencontraría con Ramis, entrenador con el que destacó en Albacete.
Hasta aquí todo normal. Distinto será intercambiar el ahorro obtenido con este par de futbolistas y algún otro que se les pueda unir con un delantero centro «contrastado», según indican los cazadores de fichajes y exclusivas. Un goleador cuesta dinero, es la posición más buscada y, en consecuencia, más cara pero, además, encontrar a un artillero infalible a estas alturas es una tarea árdua. Quien lo tiene, no lo suelta y quien lo suelta es porque no lo tiene. ¿Me siguen?. Pero calma, la veda se acaba de levantar.
