Llourinho en su papel
Como era de esperar dada su reincidencia histórica, el primer follón arbitral y mediático se ha montado en torno al Real Madrid. El Barça está a la espera, también llegará. Un penalti de escándalo en el reciente Osasuna-Espanyol que dejó de sancionar el mallorquín Luis Bestard, que debió pillar a su colega del VAR tomando café, apenas mereció, eso si, un reconocimiento del CTA que, efectivamente, no sirve para nada.
El problema de las quejas culés y merengues es crónico. Llevan así desde su fundación o la de la propia liga. Una estrategia híbrida, término desgraciademente de actualidad, para que los árbitros sepan el peligro que corren si se equivocan en contra de alguno de los dos. Si es a favor solo protestan los pequeños y nadie les hace caso. Tiene remedio, pero nadie, ni siquiera los criticados se atreven con nada que venga con sabor a merengue o ritmo de sardana.
En su intento de humanizar a sus jueces, como si lo necesitaran, la Federación Española de Fútbol, que es la que manda en el colectivo de referencia, ha suavizado ciertas normas, todas superficiales, entre las que figura permitir que hablen antes de los partidos -el del Granada-Mallorca mejor no lo hubiera hecho- hablar con los jugadores sean o no capitanes, para explicar didácticamente sus decisiones como si los profesionales sancionados todavía estuvieran en infantiles o pegarse el farol de que al enfrentarse dos equipos de una misma comunidad les dirija un paisano. García Verdura en un Espanyol-Barça abrió la veda.
Idéntico experimento fracasó en Italia en cuanto el Nápoles perdió un partido pitado por un napolitano que no acabó en el hospital o con su casa incendiada porque dios vela por los inocentes. Pero queda muy bien priorizar el lugar de nacimiento del árbitro como prueba de la honestidad de la profesión en lugar de atender a su capacidad.
Ortiz Arias no es de los mejores árbitros de primera división. A sus 42 años, seis temporadas en la categoría y cerca de 100 encuentros en su silbato nunca ha lucido escarapela FIFA, pero es el único madrileño de la lista. Había otro pero aunque nacido en la capital, le inscribieron en el Comité Balear y, además, le bajaron. Da igual. Dirán que Miguel Angel, ahora que el segundo apellido ya no importa, metió la pata por ser del Atlético, del Rayo, el Getafe o incluso el Leganés.
En fin ya se sabe que un circo sin payasos no funciona y no me refiero a los trencillas; tampoco sin magos, se les vean o no los trucos, los trapecistas, los acróbatas y las fieras con sus correspondientes…….domadores. Hay quien lo llama la mejor liga del mundo.

