Los árbitros, de ejercicios espirituales

La Cúpula arbitral de fútbol ha convocado ejercicios espirituales para los árbitros de primera y segunda división ante la trascendencia de las cinco jornadas que faltan para cerrar el campeonato de liga, como si los puntos de las treinta y tres precedentes no contaran para nada. ¿Qué habrá ocurrido?, ¿se les ha olvidado el reglamento?, ¿han de escribir en la pizarra diez veces la normativa del VAR?, ¿han llamado a capítulo a Mateu Lahoz para que no reclame deuda alguna a ningún jugador? o, sencillamente han montado un paripé para hacernos creer que pitan igual a los grandes que a los modestos, que sus ascensos y descensos se rigen escrupulosamente por sus puntuaciones y que no olviden que sus jefes son, por orden de nivel ejecutivo, Luis Rubiales y Medina Cantalejo.

¿Habrán repartido las notas de junio con medalla de honor por las magníficas actuaciones de Cuadra Fernández, el madrileño impuesto al sumiso Riera Morro para que se empadrone profesionalmente en Baleares como condición sine qua non para militar en la máxima categoría, no demostrada en el último Sevilla-Real Madrid desde luego?. ¿Enviarán al rincón de pensar a Figueroa Vázquez por su felina y perspicaz mirada en el Atlético de Madrid-Espanyol o a Pizarro Gómez, otro de la capital residente en la capital, en el Granada-Levante?.

Ya ebrios de tanta pregunta, recordemos que el Comité Balear no tiene a uno solo de sus afiliados en partidos de la Liga de Fútbol Profesional. A Varón Aceitón, el último de los mohicanos, lo enviaron a la cabina de arbitraje. Como compensación, la Federación Balear, con el padrino de Bunyola al frente, brindó un sentido homenaje, premio incluido, al ínclito Cuadra Fernández como si hubiera nacido en los mismísimos Hostalets, Es Rafal o Santa Catalina. Ole, ole y ole míster Bestard.