Los hechos contra el relato

Cuenta la leyenda que el 14 de septiembre de 1988 el entonces entrenador del Mallorca Ivan Brzic (r.i.p) se encontraba en el despacho del a su vez presidente del Mallorca Miquel Contestí (r.i.p) viendo por televisión un España-Yugoslavia cuando un tiro de Michel rozó el larguero de la portería visitante. «¡Uy -exclamó el técnico- de haber ido un poco más bajo hubiera sido gol!», a lo que el directivo respondió refunfuñando: «¡Y si hubiera ido bajo tierra habría sido «cuc»!».

Esta anécdota explica claramente cómo el fútbol se analiza demasiadas veces, casi todas, desde lo que pudo ser en lugar de lo que fue. Un error que conduce a no corregir estrategias, acciones y planteamientos que determinan el resultado por encima de consideraciones pragmáticas realistas y concluyentes.

A título de ejemplo lo acabamos de ver en el reciente Atlético-Barça de cuartos de final de la Champions League. Leo al joven Gavi afirmar tajantemente que «nos los hemos comido con patatas» y me temo que las chips se las tuvo que comer el perdedor por no hacer lo que debía, con 0-2 en el marcador y más de una hora por delante tomarse el lance con calma, asegurar su territorio y aguardar con paciencia la estocada y el descabello. Es más fácil hablar de ocasiones perdidas, de penaltis imaginarios, tarjetas injustas y ¡robos!, tan sencillo, si, como inútil.

Si reflejamos la imagen de tal espejo cambiaríamos el signo definitivo de todos los partidos. Piensen en la cantidad de ellos que han visto y encontrarán las crónicas de lo que tal vez sucediera pero no de lo que ocurrió, fueran cuales fueren los contendientes, la competición y la época. Luis Aragonés no se escondía al reconocer a menudo que «hemos sido mejores» o, por el contrario, «ellos han sido mejores que nosotros». Héctor Cúper lo aclaró algunos años antes: » mejor es aquel equipo cuyo sistema y su correcta aplicación le ha servido para ganar». Javier Aguirre más contundente aun: «Ni la suerte ni los árbitros entrenan conmigo». Serra Ferrer recuerda que en pleno dominio abrumador del Betis sin haber convertido al menos una de sus numerosas oportunidades, Cañas le tranquilizó «¡tranquilo míster, ya vamos cinco «uyyysss a cero».

Parafernalia futbolera, aunque también el alimento que sostiene al fútbol como un negocio de masas. Sin embargo el relato nunca sustituirá a los hechos.