Más tiempo para los chanchullos

A propuesta del entonces presidente del Barça, Pep Lluis Nuñez, la Asamblea de la Real Federación Española de Fútbol presidida por José Luis Roca y la Liga de Fútbol Profesional al mando de Antonio Baró, acordaron que la clasificación final del campeonato de Liga se estableciera a través de un «play off» final entre los seis primeros, los seis colistas y los que hubieran terminado la fase regular entre el septimo y duodécimo puesto. En Primera había 18 equipos.

El carismático y controvertido dirigente blaugrana argumentaba que entre la última jornada del calendario y el 30 de junio, fecha en la que expiraban los contratos de los jugadores, los clubs tenían  que pagar una mensualidad extra sin que ellos tuvieran que trabajar. El experimento del que, entre otros, fue víctima el Mallorca que había acabado el cuarto y acabó el sexto, ya no se celebró la temporada siguiente. Murió y no precisamente de éxito.

Hasta casi finalizo el siglo XX, la liga se iniciaba el primer fin de semana de septiembre. La constante creación de nuevas competiciones impuesta por la FIFA y también la UEFA en su insaciable afán recaudatorio, obligó a liberar fechas para insertar en el ya de por si cargado calendario internacional. Pero lo que se despejaba al comenzar en agosto, se recargaba en el mes de junio obligando a las ligas domésticas a abrir algunas ventanas entre semana para echar el cierre en mayo en lugar del tradicional último día de junio.

Ahí está el problema. ¿De verdad los clubs no tienen tiempo de acudir al mercado desde la última semana de mayo hasta mediados de agosto antes de que empiece la liga?. ¿Necesitan de repente tres meses cuando siempre tuvieron dos?. ¿Si los plazos terminan quince días antes cambia al tira y afloja, la oferta y la demanda?. Basta con modificar los extremos contractuales y en lugar del 1 de julio al 30 de junio, establecer del 1 de junio al 31 de mayo.

¿Cuál es el problema?. Los agentes y las comisiones. Los verdaderos amos del cotarro a quienes tanto Infantino como Ceferin y sus predecesores han querido enfrentarse y, conscientes de su derrota, han optado por el consejo de los enemigos de Atila, el rey de los Hunos: «si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él». La pureza del negocio que rigen, que en un tiempo fue deporte y ha dejado de lado el espectáculo convirtiéndolo en industria mercantil, no les importa lo más mínimo. O, como escribió Lord Acton en sl siglo IXX: «el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».

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