Messi no hay más que uno

Messi no hay más que uno, como las madres. Por odiosas que sean las comparaciones, algunas más que otras, directivos, técnicos, periodistas y aficionados se han lanzado a la búsqueda del nuevo «messi…as» como los aventureros del oeste americano a la caza del vil metal en plena fiebre del oro. Todo jovencito que despunta un poco o llama la atención por sus detalles en el manejo del balón donde se juntan velocidad, cambio de ritmo, habilidad con ambas piernas, disparo, remate, regate y cuanto se pueda loar del astro argentino, empieza a acaparar titulares y hasta alguna portada. ¡Peligro!. Pare ellos, evidentemente. La mayoría de estos proyectos, naturales o de laboratorio acaban sumergidos en agua de borrajas. Para que se hagan una idea las borrajas son una especie de tirabeques o judias verdes de estas planas, más gordas y grandes, que se comen hervidas. Bueno, pues el agua en la que cuecen no sirve más que para eso.

El ejemplo paradigmático de la infructuosa búsqueda es el del Real Madrid. Seguro que Florentino Pérez ofrece una buena recompensa a quien sea capaz de encontrar un sosias a Leo y promocionar al nuevo Di Stefáno, que tampoco. Se inventaron a Jesé, Mariano, Jovic, Borja Mayoral, Vinicius y hasta a Marco Asensio sin el éxito deseado. Nadie parece reparar en el daño que causan a las jóvenes promesas aun en edad de cadetes llénandoles la cabeza de grillos en forma de contratos millonarios, popularidad, el coche más grande, el móvil más pequeño, la chica del año y fama. A ellos y a sus papás, no lo olvidemos.

Si, si. En Mallorca también hemos contribuido a notorios fracasos en mayor o menor medida. Todavía me acuerdo de Oscar Trejo en su medianía, por no hablar de Brandon en su momento o el porrerenc Sastre a quien ya veían en el Barça compitiendo con Semedo o Sergi Roberto. Y si damos un salto, el bueno de Fullana, la estrella del Atlético Baleares que no ha sido titular en la Ponferradina. Dejémoslo así, tampoco es cuestión de señalar a nadie.

Y puede que de la noche a la mañana, aparezca por ahí un nuevo fenómeno que asombre a propios y extraños. Pero no será Messi, será otro.