Mirar hacia atrás sin ira

Si estuviéramos de acuerdo en que, aunque no todos, hay tiempos pretéritos que son mejores que los presentes, colegiríamos en que, puntualmente, la regresión mejora el progreso. Tal vez debamos aceptar que ciertas cosas, actitudes o ideas presentadas como avances no suponen ninguna mejora.

Arrasate, siempre tan ecuánime, se ha declarado partidario del periodismo deportivo del pasado, aquel en el que entrenador o jugadores eran libres de aceptar o no la llamada del informador radiofónico, redactor o comentarista de televisión y pactar directamente una entrevista sin la obligación de pasar por el jefe de prensa de turno o, ahora, director de comunicación, sobre todo si es como el que hoy tiene el Mallorca. Sin comentarios.

Bienvenido al club Jagoba. Los lectores de este blog o quienes lo siguen a través de las redes sociales, saben lo que opinamos, permite que te incluya, acerca de los textos emitidos desde la página web del club puestos necesariamente en boca de los protagonistas para que sus respuestas no definan su personalidad, sino lo que los jefes y propietarios consideran políticamente correcto.

Lo malo es, desconocido amigo, que la guerra hace tiempo que se perdió batalla tras batalla. La gran derrota empezó a fraguarse cuando las cadenas radiofónicas aceptaron tener que pagar por transmitir un partido, fueron sometidas, igual que el resto de medios de comunicación, al veto de la Liga de Fútbol Profesional que a día de hoy regula qué se puede preguntar o no al término de una transmisión, a publicar y/o emitir las auto entrevistas, comunicados y filtraciones sin contrastar los intereses de los clubs, a dejar de acudir a los entrenamientos por dejadez, pereza o prohibición y así sucesivamente hasta llegar a la aberración de acudir a ruedas de prensa donde no se admiten preguntas. Claro que entonces una página en un periódico, cinco minutos en la radio o unas colas en el telediario, tenían más repercusión publicitaria que lo que Javier Tebas y compañía pretenden cobrar por el espectáculo que dan ni el servicio que ofrecen. Pero nadie se atrevió con un silencio mediático que habría puesto contra las cuerdas el negocio del fútbol y ahora no hay ningún soporte periodístico que valga un céntimo de euro.

Sinceramente no envidio su situación, míster. Ni la de sus pupilos. Sin movernos del sitio en el que estamos, el último jefe de prensa normal que ha tenido el Mallorca fue Joan Frontera. Ahora los estudiantes de periodismo aspiran a ocupar gabinetes desde los que torpedear la profesión para la que han estudiado. Desde sus guaridas alimentan frustraciones, fracasos y limitaciones personales.