Muchos salen, pocos entran

Antes de emprender la cuenta nueva, no olvidemos mantener el borrón. Leo Román, renovado, manifestó su deseo de abandonar el club salvo incremento de su salario y, aunque no se pueda pregonar, garantías de ser titular. Antonio Sánchez hizo un balance negativo de su campaña en la que esperaba, él naturalmente, jugar más. Maffeo ya quiso salir hace un año, pero ni entonces ni, por lo visto, ahora, le han encontrado acomodo. Larin se encuentra en Austria con sus compañeros más pendiente de su cesión o traspaso que del balón. Copete ya se ha salido con la suya y, tras la perceptiva carta de agradecimiento por los servicios que se le encomendaron ha subido al avión de Valencia con la final de la Copa del Rey en su corazón pero ni una sola menció a la Supercopa de Arabia. Van der Heyden sacaba billete para Gant. Incluso Abdón dejó caer antes de que terminara la liga que podría irse a Japón, es posible que se confundiera.

No discuto que el ambiente en el seno de la plantilla sea idílico tal y como lo pintan todo desde el club, pero tal vez tenga razón quien inventó aquel malicioso refrán que dice «algo tendrá el agua cuando la bendicen». Porque no se trata de que una cuarta parte del primer equipo quiera se quiera ir, dos lo hayan conseguido y otro par esté a punto, sino que del juvenil que se proclamó campeón de España no queda ni el gato y hasta las mejores promesas, Woiski, Baratucci y Araque, han preferido cambiar de aires.  No sé lo que les dirá Pablo Ortells o si solamente se trata de desacuerdos económicos, ni cuáles son los argumentos que usará Arrasate para resultar creíble y convincente, pero nada de esto encaja dentro de lo que puede considerarse normal.

Ningún ser humano desea renunciar al lugar dónde se encuentra bien, salvo aventureros o perseguidos y no estamos en ninguno de los dos supuestos.