Octubre rojo o verde
No dejaremos que las apariencias nos engañen, las del Mallorca no pintan demasiado bien, pero insistimos en que mientras no se haya cubierto el primer tercio del campeonato todo augur ha de limitarse a observar y callar. La clasificación no significa nada, la espesura del bosque entre los puntos que separa a unos de otros no permtirá la entrada de luz durante las 36 semanas que restan para proclamar a vencedores y vencidos, pero algunos equipos intercambiarán sus posiciones para demostrar que aunque todos los resultados cuentan de principo a fin, no constituyen un termómetro fiable. Aun no.
A Luis García Fernández le aguarda un otoño caliente a continuación del verano plácido con el que ha comenzado su etapa en el banquillo de Son Moix. A la salida de las próximas cinco citas del calendario podremos aclarar las dudas que nos asaltan, ante Almería y Girona sin Valjent ni Luvumbo por cierto. La liga en Segunda también debería parar durante las jornadas de selecciones, pero es el precio que pagan los mandados por la cobardía de quienes mandan, incapaces de corregir, de reducir, la categoría a su verdadera dimensión: 42 fechas no solamente matan, sino que aburren.
Por ahora el entrenador asturiano se planta en su idea de juego, con mejor reflejo en el marcador que el que se desprende sobre el terreno. Tal vez, solo quizás, como consecuencia de la entidad de los rivales más que de méritos propios en el apartado colectivo. La abundancia de cromos reptidos en el álbum de la plantilla impone un orden de canongías más pendiente de la paz del vestuario que de las características de los futbolistas, algo que se deduce de las reiteradas manifestación del técnico antes y después de los partidos. Es cuanto se puede intuir sin formar parte del paisaje, pero octubre será rojo o verde y entonces todo se hará más nítido.

