Pasillo de inseguridad
Por mucho que pueda parecer un contrasentido, gran parte del éxito del Mallorca ha sido mantener inalterable la columna vertebral de su equipo. El sostén y, por qué no decirlo, el espíritu. Un diseño y una entrega que en su momento trabajó e impulsó Vicente Moreno y que la pasada temporada Luis García Plaza supo valorar y aprovechar. Aquello que Luis Aragonés llamaba su pasillo de seguridad, con Reina en las cervicales, Raillo en las torácicas, Salva Sevilla en la zona lumbar y Dani Rodríguez rematando la región sacra y el coxis. Una espina dorsal firme y sin apenas fisuras.
Por una vez y sin que sirva de precedente, se produjeron hernias discales el pasado sábado en San Mamés. Valjent y Galarreta hicieron lo posible para reponer las vértebras resquebrajadas, pero el esqueleto ya no se movía igual. Cuestión de tiempo seguramente, el que los cuatro del primer párrafo jugaron juntos, casi de memoria, y el que les falta a sus sustitutos para asimilar funciones similares. Y cuando los discos intervertebrales chirrían, el roce de los huesecillos duele. Créanme, sé de lo que les hablo.
El central eslovaco no tiene el posicionamiento ni la salida de balón de su compañero habitual, ni el centrocampista vasco la altura de miras, la visión y la precisión del veterano andaluz. De ahí que el Mallorca fallara en las dos áreas, por falta de contundencia y colocación en la propia y de ideas y rapidez en la ajena. Nada que no tenga arreglo, aunque toda tarea que implica renovación o cambio requiere paciencia y empeño. Desde luego ningún antídoto que aconseje precipitación, nerviosismo o eso que se llama «ataques de entrenador».

