Piano, piano va lontano

Lo digo antes y me hago oráculo. Además de Raíllo, también se ha lesionado Morlanes, una ausencia mucho menos importante por otra parte. Pero tranqulidad y calma, que a Pablo Ortells no hay que meterle prisa ni siquiera para fichar a jugador que no le sirve al Girona pero, ¡oh milagro, igual en Palma se transforma. Lo mismo le pasó a Valery, ahora en las filas del Real Zaragoza. Es lo que tiene el aire de Palma, transforma a la gente incluso al mismísimo Dani Rodríguez.

A la espera de los grandes refuerzos capaces de revertir la clasificación hasta rozar puestos europeos, como el año pasado, si, que ya estamos en el nuevo, Arrasate buscará cómo completar una convocatoria de 25 antes de que, cedido Marc Doménech, le siga los pasos David López, no fuera a lesionarse también Valjent y tuvieran que alinearse los centrales titulares en la Copa del Rey a cuyos octavos no hemos llegado. Por fortuna, dicho sea de paso.

Hasta hora contábamos con que temporada tras temporada aparecieran tres equipos peores que el Mallorca. En las cuatro últimas ha habido alguno más y en dos de ellas hasta la mitad de la tabla, así que la esperanza es lo último que se pierde porque lo que es la fe, estos americanos y sus ejecutivos a sueldo no mínimo precisamente, hace tiempo que nos la hicieron olvidar.

Aunque no sea un sonsonete típico mallorquín, en las clases de arraigo que el CEO y su auxiliares deben suministrar al presidente Kohlberg, podrían enseñarle aquel pasodoble que dice: «Manolete, Manolete, si no sabes torear por qué te metes». Ahora que cierra los balances con pérdidas pese a no gastar ni un céntimo en futbolistas, igual llega a la conclusión de que el «toro» que les vendió Tebas, el todo terreno de la patronal no la ciudad egipcia, no era tan manso como lo pintaron.