Por algo se empieza

Si bien una flor no hace estío, cuando creo que algo se hace bien procuro no ignorarlo. Las opiniones son libres y su interpretación variopinta, por tanto la crítica siempre parece subjetiva al suponer la visión de alguien desde un ángulo personal, pero en ningún caso es destructiva o constructiva, calificativos opuestos que adjetiva quien o quienes la reciben en función de sus gustos o intereses.

He visto en algunas redes sociales fotografías del entrenamiento a puerta abierta del Mallorca en Son Moix en las que se aprecia una buena cantidad de público que, dadas las fechas y horario, es posible y hasta deseable que se repita el próximo domingo con motivo de la trascendente visita del Girona, enemigo a las puertas. La primera lectura señala el acierto de la convocatoria en estos días en los que la chavalería disfruta de vacaciones escolares y, la siguiente, el hecho de haber trasladado la sesión a Palma con acceso más cercano y asequible que el desplazamiento a la Ciudad Deportiva de Son Bibiloni en Bunyola.

Este tipo de iniciativas, comunes a otros equipos de la categoría, enlazan con el hecho de que interrumpir el fútbol durante la semana de Navidad es un error monumental e impide a los clubs un ingreso extra tal cual ocurre en Gran Bretaña con el «Boxing day». No creo que el ejemplo dado en la mañana del último día del año se exporte sin más, pero esta muestra de aproximación a los aficionados, que de una manera o de otra sostienen el millonario pastel que otros se comen, no solo admite una reflexión seria, sino que proyecta un paisaje mucho más atractivo que el de los «tick toks» publicitarios generadores de una idolatría basada en el imán de novias despampanantes, utensilios de última generación, automóviles carísimos y exhibicionismo barato alejado de los valores del deporte y del fútbol en concreto capaz de movilizar al personal sin tanta pantalla y menos sofá.

Entre tanta arena, una de cal. Por algo se empieza. Humildad y empatía.