Por algo será

Remitirse a los hechos es más que suficiente para sostener la crítica. La recién iniciada campaña de abonos a la que no pocos acceden solo para evitar el riesgo de perder sus asientos aun sin tener clara la voluntad de renovar, ha revelado la distancia entre el club y la afición o, en suma, el fracaso de la gestión desde el punto de vista social. Los sucesivos ejercicios económicos negativos y el evidente afán vendedor que prevé unos ingresos cercanos a los 40 millones de euros, sumados a los casi 20 de la ayuda de la LFP al descenso, descubren la falsedad del saneamiento que se vende desde el club sin ningún gesto de acercamiento al público. No hace falta describir el camino descendente y decadente de la sección deportiva aun con el beneplácito de una propiedad incapaz y unos ejecutivos irresponsables.

Las tres patas mencionadas dibujan por si mismas la ausencia total de un proyecto que, diez años más tarde, resulta fallido y cuyos directivos continúan impasibles e imposibles en sus puestos. Falta una cuarta parte, la que con mayor claridad apunta al deterioro institucional: el fútbol formativo.

Si llamamos a las cosas por su nombre, el Mallorca B, estandarte de la base, acaba de dejar categoría regional para ascender a tercera división, como si hubiera protagonizado una gran hazaña. Presumir de ello cuando se acaba de prescindir de Javi Llabrés, una de sus apuestas, sin que ninguno de sus compañeros, Dani Luna, Jan Salas o Marc Domenech merezcan mejor suerte, conecta con la salida de Matías Ordinas, internacional sub 16, hacia el Levante. El éxodo de chicos formados en cadetes o juveniles conforma esa larga procesión de jugadores que se marchan o  desean hacerlo sin que nadie haga el menor esfuerzo por retenerlos.  Por algo será.