Retorno al futuro
El Mallorca ha reanudado los entrenamientos cuatro días antes de su regreso a segunda división. La pretemporada ha terminado, los fichajes esperemos que no, aunque la operación para hacerse con los servicios del joven Adrián Liso no alimenta esperanzas, salvo salidas a estas alturas sorprendentes.
El delantero procedente del Zaragoza se compromete por cinco años, el primero en calidad de cedido más otros cuatro mediante compra obligatoria. Si, por lo que fuera, rinde por debajo de lo esperado o incluso si se lesionara, se tiene que quedar. No se comprende la fórmula salvo que obedezca a no tener que pagar ahora los tres millones que piden en La Romareda, debido a algún truco de trilerismo relacionado con alguna cuestión inexplicada, que no inexplicable, o el cajero no admita sacar pese a los 60 millones ingresados durante los dos últimos meses, de los solamente se han gastado 6.
Basta echar un vistazo a las redes sociales, una costumbre perniciosa, para constatar que detrás de cada aficionado hay un director deportivo en potencia, incluso un entrenador o, para ser más exactos, un seleccionador o fabricante de alineaciones, sin haber empezado la liga. Al contrario de la idea que uno puede transmitir sin darse cuenta, respeto absolutamente todas las opiniones, me someto diariamente a la múltiple valoración de las mías y desde un punto de vista puramente particular, no aventuro calificaciones a la ligera. Creo que examinar a un equipo antes de sus primeros doce o trece partidos de competición, competir no es lo mismo que jugar, contiene un alto riesgo de error.
Sería distinta es una apreciación general sobre la planificación de una plantilla para abordar un objetivo concreto que, en este caso, solo puede ser el ascenso. El camino parece que nunca se acaba, pedregoso y polvoriento, peor que la «pujada a Lluch a peu» sobre el asfalto. Por eso pienso que, a día de hoy, Luis García Fernández necesita cerraduras más fuertes y artillería más precisa. Lo malo es que, como casi siempre, la caballería llega tarde y seguimos sin saber si nunca.

