Se recoge lo que se siembra
La Unió de Periodistes de Valencia protesta por la decisión del Valencia de prohibir la publicación total o parcial del contenido de su Junta de Accionistas bajo amenaza de «tomar acciones». Sin duda un paso más en los recortes a la libertad de expresión y una nueva conquista del fútbol profesional en la aplicación de su implacable mordaza a la que, dicho sea de paso, nos resistimos ya muy pocos.
El cáncer se inició hace algún tiempo, cuando los periodistas deportivos intercambiaron la filtración, cierta o no, de un fichaje bueno, regular o malo, con un buen trato al presidente de turno o al elemento filtrador. Si no puedes obtener la información por tus propios medios nunca la puedes convertir en moneda de cambio. Pero el desconocimiento de los editores y el acceso a los medios de un montón de indocumentados de bajo coste para las empresas, abrieron la puerta a todo tipo de pactos que continúan vigentes y no solo en el fútbol.
Ahora ya es tarde. El departamento de quejas cerró. Hay ruedas de prensa sin preguntas, otras inadecuadas al final de los partidos que con llevan sanción para el redactor que se atreva, las entrevistas se conceden, no se obtienen, y en los palcos de prensa del circo hay visibles carteles que recuerdan «reservado el derecho de admisión». No hablo por boca de ganso. Me he enfrentado a un editor que me pedía suavizar mis crónicas porque su cuñado necesitaba una habitación mejor en el hospital donde convalecía y un subdirector sin nombre protector de un escribiente indocto trataba de corregirme textos críticos con su mafiosa fuente. Me he sentado en un banquillo dos veces: la primera en defensa de mi vocabulario y la segunda para hacer constar mi derecho a opinar. Salí indemne. He pagado mis facturas. Me temo que mis colegas las están pagando ahora. Y lo que les queda. Ahí tienen lo que sembraron. Yo ya me bajé de este autobús.

