Si funciona, no lo toquen

Si uno tiene que basarse en experiencias ajenas, paralelas o no, el notorio descenso de la liga española de baloncesto, la ACB, tras el experimento de la Euroliga, debería ilustrar a quienes promueven una competición europea de clubs reservada a los equipos de élite de las distintas potencias futbolísticas de Europa.

Que Florentino Pérez sea uno de los adalides de tal invento solo revela el interés de los grandes en un proyecto que lesiona el de los más pequeños y busca mayores ingresos para los que más tienen y, de paso, más malgastan. Y que se oponga cada vez con menos fuerza Javier Tebas, señala a qué parte de la patronal representa el presidente de la Liga que tanto buscó en el pasado el apoyo de los modestos.

No se me ocurre donde encajar más partidos en un calendario absolutamente sobrecargado ni siquiera cargándose la actual Champions League, algo muy dudoso si tenemos en cuenta que la UEFA ensancha cada vez más la manga de admisiones, además de la relación cada vez mayor de participantes en la Europa League.

La ambición rompe el saco y si el fútbol funciona esencialmente mejor sería no tocarlo, porque la parte que no funciona tiene su origen en la mala cabeza de los directivos de las sociedades anónimas deportivas abonadas al exceso de sus contratos con jugadores y técnicos que, lejos de regularse, no cesan en su escalada de locura, fuera de toda lógica y sentido común.