Siviero, harto de engaños

Al despertarme esta mañana me encontré con la noticia de una fuga más, la de Javier Castro que se marcha al Barça para jugar en el Barça Atlétic. Confirmación, una más, de lo que escribí ayer en relacion al criadero de Son Bibiloni a cargo de un gallo, Pablo Ortells, un montón de gallinas y ni un solo polluelo. No pensaba en aquel momento que, sin pretenderlo, Gustavo Siviero, argentino pero mallorquinista de corazón de los que se visten por los pies, iba a avalar mis impresiones o, más bien desagradables certezas.

El neo Mallorca de Andy Kohlberg, el jefe, y Alfonso Díaz, presidente «in pectore» más que CEO, no está hecho para buenas personas. Ya se cargaron a una de ellas, Jagoba Arrasate para sustituirle por un arrabalero portuario y ahora el que fuera extraordinario defensa central, curtido en mil batallas entre las que se cuenta la conquista de la Supercopa, se ha plantado ante la desidia y mala planificación al acecho para competir con dignidad ni siquiera en tercera división. No le han cesado, ha dimitido por y con dignidad.

A todos aquellos que desembarcan antes siquiera de que el barco suelte amarras, los despiden con un comunicado de copiar y pegar, con un hipócrita «gracias y suerte». Mucha va a necesitar el club para levantar cabeza con la banda que gobierna.

No voy a hablar de fichajes no confirmados. Ni siquiera el del entrenador, Luis García, a quien grabaron un vídeo del que ojalá no tenga que arrepentirse. La destrucción es evidente, la reconstrucción está por ver. El primer ladrillo es el de un delantero centro de 29 años que no había tenido ficha profesional hasta el año pasado, con la tarjeta de haber marcado 14 goles en un equipo de Segunda del paquete de los  ni chicha ni «limoná», los mismos que en todas sus temporadas anteriores juntas. Conozco y me reservo.