Sobrevivir en el lodo

Esta liga de la cual tanto presume el presidente de la LFP y vicepresidente de la RFEF, Javier Tebas, aunque sea difícil adivinar el motivo de tanto orgullo, está cuadriculada desde el minuto uno y desde la a a la zeta. Ya tienen al Sevilla y al Valencia donde les quieren, igual que al Madrid, el Barça y el Atlétic no necesariamente por este orden. Aquellos que según el primer ejecutivo de la Federación Española, Rafael Louzán, «representan a España» en Europa, tienen bula.

Por desagracia el Mallorca no está entre ellos. Ya se sabe, de la mitad para abajo todos calvos. A lo largo de la ya dilatada travesía profesional que me ha llevado por estos estadios del señor o del diablo, vayan ustedes a saber, he certificado que si los peor clasificados piden una cuerda para salir de aguas cenagosas, se la tiran al cuello. Viene a cuento por la a todas luces exagerada expulsión de Jan Virgili en El Sadar que los servicios jurídicos adscritos a Son Moix deberían recurrir, si es que no lo han hecho. Miguel Ballester, ilustre togado de lo contencioso que también imparte cátedra en la UIB y cuidó de dicho menester en mejores tiempos pretéritos , lo habría hecho y hubiera ganado. Ya le ganó un pleito a Tebas «in illo tempore». Si a esto añadimos que ninguno de los colistas parece llamar apenas a la audiencia de televisión, blanco y en botella. El que no llora no mama y quien no protesta, tampoco. Hasta Florentino Pérez lo sabe.

Demichelis se las ingenia para taponar las enormes vías de agua que presenta la embarcación que capitanea. Necesita a toda la tripulación ya sean oficiales o grumetes. Su llamada a la unidad no es una expresión baldía. Ya la usó su predecesor en el mes de agosto. Inútilmente porque en el club hay quien quiere creer que eso solo se refiere a la afición en relación con el equipo. Presumir de no pagar primas por la permanencia o desoir las advertencias de socorro de la propia plantilla y técnicos en demanda de refuerzos que no llegan, no es precisamente solidario. La unión bien entendida tiene carácter interno y  la de fuera requiere cariño y atención, no solamente exigencia. No es la clientela aunque la traten como tal.