Tiempo al tiempo
Greif, Maffeo, Jaume Costa, Amath y Angel. Sturridge, en observación. Puede extrañar que aun no haya escrito una sola línea sobre los fichajes del Mallorca en el presente mes de julio, pero todo tiene su explicación.
Hubo un tiempo en que lo que luego se llamó secretario técnico y ahora director deportivo, no era sino un directivo del club al que se encargaba dicha función, más que nada la de conceder bajas y acometer la búsqueda de refuerzos, siempre bajo la aprobación del presidente y casi siempre en contacto con los pocos intermediarios o, más bien, representantes directos de los futbolistas. No había demasiada televisión, el Estudio Estadio y a lo sumo un partido semanal, y el terreno a pisar estaba abonado al fiasco. Pedro Mus, adlátere principal del Barón de Vidal, se había preparado una cuadrícula en la que pacientemente anotaba en las casillas adjudicadas a los planteles de cada equipo, la calificación que el diario Marca otorgaba en sus crónicas. Salvando las distancias, el dinero era menos problema que en la actualidad. Pero, en general, se repartían aciertos y errores en medida muy similar a la de los tiempos en curso.
Con esto digo que las nuevas tecnologías, vídeos y abundantes medios de estudio han mejorado las condiciones de trabajo de las mentes pensantes y negociantes, pero la experiencia enseña que el margen de error es muy amplio al valorar solo por el nombre, el club de procedencia o datos simples como el número de partidos jugados, goles y aquellos al alcance de cualquier aficionado que bucee en páginas de internet. No sirve ni la edad, como bien ha demostrado Salva Sevilla entre otros. Hay que verles en acción, sobre el campo. Y al único que hemos visto in situ es a Amath…..en Segunda.
Así, a vuela pluma, se me antoja que hay un exceso de laterales zurdos, aunque Cufré puede ocupar posiciones más adelantadas. Me falta un central, un carrilero diestro y no sé si también uno izquierdo. Más allá de un medio centro y, tal vez, un «nueve». Pero eso ya es meterme en el terreno de la especulación y prefiero no seguir este camino. En fin, como dicen en buen y payés mallorquín: «deixarem que pixi el mul».
