Un equipo sin club

Cuenta le leyenda que no es leyenda y ninguno de los numerosos historiadores que le han salido al club ha contado, que el entonces presidente del Mallorca, Jaume Cladera, planteó la iniciativa de incorporar un equipo de fútbol femenino y que un histórico empleado no ejecutivo puso el grito en el cielo hasta el punto de abortar el proyecto incluso antes de su alumbramiento.

En este y otros sentidos se ha practicado una política conservadora tanto desde los despachos del Lluis Sitjar como los de Son Moix. Cabía esperar que los americanos, sin tener que dar cuentas de sus decisiones más que a si mismos, introdujeran ideas más novedosas al margen de presumir sobre la cantidad de adeptos en las redes sociales. Menos internet y más público en el estadio pero, además, más inversión en jugadores de plantilla ya que la presente ausencia de movimientos en otras áreas confirma el inmovilismo de la tesorería.

La presencia de Steve Nash en el consejo de administración, cacareada por los cuatro costados, permitía pensar en un acercamiento al baloncesto como una disciplina más, dada la procedencia y actividad de los dueños en el Phoenix Suns. Nada de nada. La creciente demanda televisiva, con lo que eso les gusta, de partidos de chicas en plena disputa de la Eurocopa 2022 y el papel que juega España supone otra invitación a repartir las manzanas en más de un cesto. Pero, tampoco.

Los propietarios no están, ni saben, ni contestan y si sus ejecutivos en plaza creen que por esgrimir una brocha en el último rescoldo del viejo estadio o vocear discursos en una o varias cenas de aniversario de algunas peñas van a recuperar las raíces del mallorquinismo perdido, es que los perdidos son ellos.