Una semi con aires de final
No sé si las estadísticas están para romperlas, como dicen los osados, pero si sé que la historia solo se repite si no has aprendido nada de ella puesto que el pasado, pasado está.
Ni Francia es la de Platini, ni España la de Arconada. Los «bleus» eran un equipo en 1984 y la Roja solo la cabeza de Santillana. El paso del tiempo nos ha llevado hasta aquí por diferentes caminos que desembocan en términos inversos: Didier Deschamps, curtido en no pocas batallas previas como jugador, dispone de muy serias individualidades, mientras que Luis de la Fuente, con menos bagaje de futbolista, ha logrado unir e imponer a sus hombres la idea de grupo con la que Luis Aragonés conquistó Europa en el 2008, Vicente del Bosque el mundo hace dieciséis años, a costa de prescindir de Raúl y Cañizares sin escuchar críticas ajenas.
La Galia se presenta en Dallas con Dembelé, Doué, Mbappe y Olise un poco cada uno por su lado, mientras que el actual campeón europeo solo tiene a uno de sus integrantes, Lamine Yamal, capaz de resolver por si mismo, pero en medio de una formación solidaria en la que, parodiando a Felipe Scolari, quien fuera seleccionador de la hoy dispersa Brasil, «no puedes tener estrellas en un equipo ganador, solo buenos jugadores».
Pero esta es precisamente la lucha que se planteará mañana en la que, según bastantes voces, podría ser una final anticipada: la inspiración puntual frente a la disciplina constante, el indivíduo contra el colectivo. Hace dos años los buenos jugadores superaron a las estrellas, pero eso ocurrió ayer y mañana será otro día del que se escribirá una nueva historia. Hoy no.
Nos pasa por la cabeza preguntar qué pinta un árbitro de El Salvador, donde se practica una competición de altísimo nivel, en un lance como éste. Los designios de la FIFA son infinitos, como los derroteros del Señor, pero no tanto. No tanto.
