Unifican fallos, no criterios
Las reuniones convocadas por el Comité Técnico Nacional de Arbitros de fútbol sirven para que sus asociados hagan todo lo contrario de lo que allí se acuerda y eso antes de terminar la primera jornada.
A) Partido Real Sociedad-Girona. Oyarzábal, dentro del área, tira a portería. Ejecutada la acción el central visitante, Blind, se lanza a sus pies y le derriba. El árbitro, Hernández Maeso, extremeño, recién ascendido, señala el punto de penalti. Su colega Jaime Latre, llama su atención desde la cabina VOR y el colegiado, tras ver la jugada, rectifica su decisión.
B) Partido Las Palmas-Mallorca. Sandro llega forzado hasta la línea de fondo y mete un centro pasado inalcanzable hasta para el primer astronauta. Cuando ya ha centrado llega Copete y, en carrera, le pisa. García Verdura, catalán que debuta en Primera, ignora la jugada y espera a que el Mallorca saque de banda por el lado opuesto. De pronto le dicen algo por el auricular y Del Cerro Grande, le pide revisar la jugada. Penalti.
C) Partido Athletic-Real Madrid. Unai Gómez remata dentro del área, después de haberlo hecho, llega en tromba Militao, defensa merengue, y la arrolla. Gil Manzano, internacional y una de las joyas de la corona arbitral, no indica nada. El andaluz Melero López, responsable del VAR, tampoco.
Tres situaciones idénticas resueltas de forma completamente distinta. La unificación de criterios se la pasan por el forro de la chaqueta. La de no pitar «penaltitos», mientras comen aceitunas y juegan a ver quién escupe el hueso más lejos. En Expediente X sospechan que hacer lo contrario de lo que dice el presidente, Medina Cantalejo, es una forma de protesta porque a su jefe lo designa, nunca mejor dicho, el presidente de la Federación Española por la cara. La suya y la de elegido.
Observaciones: solo se ha liado gorda porque el Barça no fue capaz de marcar un gol al Getafe en 109 minutos de juego y, además Soto Grado, árbitro FIFA nacido en Toledo pero inscrito en el Comité de La Rioja, se atrevió a expulsar a Raphinha por doble amarilla y, cómo no, a Xavi que, a falta de insistir en la intensidad de sus rivales, el sol, la temperatura o el césped, se puso a dar trombos y aspavientos por la banda como un Simeone cualquiera.

