¿Y ahora, qué?
Muriqi, al fin. Nunca es tarde si la dicha llega y el final feliz de la serie ha ilusionado a una buena parte de seguidores mallorquinistas. A muchos. Al fin y al cabo el fútbol es, más que un sentimiento o un estado de ánimo, un cóctel de ilusión y esperanza.
No cabe entrar en el montante de la operación. Su valor es opinable; su precio, no. En ningún caso, discutible. Generalmente es caro lo que uno no puede pagar y asequible lo que da para su bolsillo. El Bugatti de Cristiano Ronaldo que su guarda estrelló cerca de Bunyola es prohibitivo para la mayoría de nosotros, pero no para él. Y si el Mallorca quería al kosovar y ha comprometido un dinero, el que sea, nada que objetar.
Todo esto es fútbol rosa, como lo definía Jabo Irureta, lo importante no es haber cumplido el sueño de bastantes aficionados, ni siquiera haber satisfecho uno de los deseos de Javier Aguirre, sino preguntarse qué pasa con el resto del equipo. El mundo no se acaba en la figura de este delantero centro, ni se ha conquistado la permanencia en Primera antes de empezar la liga. Me temo que las necesidades del equipo son mayores y más numerosas.
No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, no fuera a suceder que, logrado el objetivo del contrato, nos olvidemos del bosque y la madriguera.


